
Ese día esta estabas muy alegre, se te veía contenta, habías olvidado tu gripe con una casaca morada que te hacia ver como una niña. Supongo que saliste de tu casa al atardecer, esperando la lluvia, caminaste lento, observándolo todo, como se hace la primera o la ultima vez. Tomabas fotos a la lluvia con la luz roja naranja de los automóviles. Ese día te tomaste tiempo para todo.
Sabia que vendrías pero no espera verte, tienes clases tres pisos mas halla que yo, no esperaba verte, tomaba un café con unos amigos, cuando te vi, entre la garua. Esa lluvia casi inexistente como tu.
Estabas sonriendo, perdida, con una mochila que después me contarías que no usabas hace años, pero que hoy sin mas decidiste volver a buscar. Esas cosas que solo se te ocurren a ti. Dijiste : no se en que momento olvide que llevar una mochila era tan cómodo. Llevabas en ella una cámara fotográfica, ( últimamente retratas todo, hasta las pastillas que tomas para la gripe), un libro , por si te aburres demasiado en clases y aunque lo hallas leído un montón de veces antes, siempre es distinto. Música, un cuaderno donde escribes mientras todos hablan y un espejo. Que serias tu sin un espejo para curarte las inseguridades.
Eres ciega, ciega y distraída, aun no se si es una cualidad o un defecto, pero tienes ese gesto al arrugar la nariz para ver que nadie nota. Como el tono con que alargas las ultimas letras de la palabra o las ultimas palabras en tus típicas oraciones y después como bajas los labios cuando no sabes que responder.
Llegaste así, dando pequeño brincos entre la garua de la casi noche. Llegaste a mi, no dijiste nada, me tomaste de la mano como si me salvaras de un naufragio, o con el miedo de perder a alguien entre la multitud de una fiesta. te colgaste de mi cuello, me dijiste casi susurrando “mira” levantando el rostro hacia el cielo “lluvia” , y me besaste en la mejilla “lluvia”. Hace tanto que no te sentías tan en paz. Tan tranquila. No te importaba las personas que nos veían juntos por primera vez, extrañadas por la situación, indiferentes. Me sueltas o yo te suelto primero, no es incomodo es extraño, me sonríes y me tomas las manos. Te digo “vamos. Te va hacer mas daño mojarte”.
Te dejas llevar, con inercia, ves a tu profesor subir y subes. Yo no se que cara poner a los que nos observan, a ti parece no importarte demasiado, no hay mas que garua, y esa pequeña lluvia a curado tus heridas. Las que se ven y las que no. Las que muestras. Las que ocultas, las que conozco y las que solo tu sabes donde encontrarlas.
Así camino a mi salón, cruzando el patio hacia el otro pabellón, en silencio pensando en la garua, sintiendo ese claro vació que no te hace sentir la falta de algo, sino inunda todo con alguna extraña sensación que no puedo definir. Pero escucho tu voz llamando, te busco. y ahí tu parada sonriendo con ansiedad. “ te quiero “ gritas, sonríes. y te pierdes entre el lumbral de la puerta.
1 comentario:
me gusto mucho la primera parte!
mmm
saludos
Jorge M
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